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lunes, 30 de noviembre de 2009

Escuchando a un cliente

Maestro Ansaldi demuestra que es un gurú gastronomico de aquellos:
"Pues que un mozo profesional le saca la ficha al menos pensado. Con solo mirarte un rato me doy cuenta que clase de persona eres. Si vas a dejar propina o no. Cuanta propina vas a dejar. Cuanta propina te voy a hacer dejar. Si tuviste una infancia triste. Si fuiste un niño mimado. Si sos un nuevo rico. Si vivís con tus padres. Si has nacido sietemesino. Que auto tenés. Todo"
"A continuación, textual, un monólogo que le robé a un distinguido cliente mientras le hacía la bebida, les miraba los zapatos a los hombres que lo acompañaban y les escrutaba los escotes a las mujeres. Generalmente sirvo a artistas, a políticos, a empresarios o a altos jerarcas de alguna importante empresa. En este caso eran de un famoso laboratorio. El monologuista se ve que era un jefe de jefes, y por lo que pude observar, recién separado, con hijos en el exterior, con sutiles movimientos campestres, hipocondríaco y golpeado por sus amigos en la infancia. Todos en la mesa lo escuchaban con una estúpida falsedad, esa misma que les hace decir a veces: "Sírvale primero al doctorrr".
Este grotesco tiburón de arroyo, mientras comía un roule de moncholo, decía:

"El tema de los desocupados e indigentes es muy grave. Imagínense, tiempo atrás fui al cine con mi hijo adolescente y cuando salimos del shopping y antes de llegar al auto, vimos una familia durmiendo en la vereda. Entonces Tomás, medio asustado, medio desorientado, preguntó: ¿Pa, por qué duermen en la vereda? No sabia que responder. Se me ocurrió decirle que era porque estaban pasando por un mal momento, pero que hay gente que se ocupa de solucionar esas cuestiones. Fue lo único que se me ocurrió"
Yo estuve como un granadero al costado de la mesa, mirando un punto fijo y con las orejas agudas esperando el final de la historia. Generalmente no escucho sobre qué cuernos hablan.

"Toda la mufa terminó cuando llegamos a casa. Mercedes y Agustina estaban viendo el programa de El Moro. Tomás y yo nos sumamos a ellas. El Moro le cumplía el sueño a una chica ciega que cantaba porque necesita plata para operar a su madre enferma de cáncer de páncreas. Fue conmovedor. Miré a mi hijo y le dije: ¿ves? siempre hay una esperanza".

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